¿Cuántas infiltraciones de corticoides son seguras?
Índice del articulo
TogglePara muchas personas con dolor crónico, una infiltración de corticoides se siente como un “botón de reinicio”: el dolor baja, vuelves a moverte y recuperas tu día a día. Pero la gran pregunta es lógica: ¿hasta cuándo es seguro repetirlas sin poner en riesgo tu salud general?
El objetivo no es solo aliviar hoy, sino proteger tus huesos, tus hormonas y tu calidad de vida a largo plazo. Por eso, diferentes sociedades científicas han definido límites claros de seguridad que conviene conocer.

La regla de oro: número e intervalo
Las guías de referencia internacionales recomiendan un máximo de 3–4 infiltraciones por región anatómica al año.
En casos muy concretos y seleccionados, algunas guías permiten llegar hasta 6 epidurales al año, pero como excepción y nunca como rutina.
Entre infiltración e infiltración es importante respetar un intervalo mínimo de 2–3 meses para permitir que los tejidos y el sistema hormonal se recuperen. La antigua costumbre de hacer “series de tres inyecciones seguidas” ya no se recomienda si no hubo un alivio claro y mantenido tras la primera.
Mujeres posmenopáusicas: atención a los huesos
La exposición acumulada a corticoides puede reducir la densidad mineral ósea y aumentar el riesgo de fracturas, especialmente en mujeres tras la menopausia.
Por seguridad, se aconseja no sobrepasar unos 200 mg anuales (equivalente a metilprednisolona) y evitar llegar a 400 mg acumulados en tres años.
Este riesgo disminuye mucho cuando se acompaña el tratamiento con medicación antiosteoporótica adecuada (como bisfosfonatos, calcio y vitamina D) bajo control médico.

Dosis y tipo de corticoide: menos es más
Sabemos que dosis intermedias (por ejemplo, 40 mg de metilprednisolona o triamcinolona) pueden aliviar igual que dosis altas de 80 mg, con menos efectos secundarios.
Usar la dosis más baja eficaz protege mejor el eje hormonal: una sola infiltración de 40 mg puede frenar el cortisol casi 20 días, mientras que con 20 mg ese efecto se reduce aproximadamente a una semana y poco.
También importa el tipo de corticoide. Los corticoides particulados (con cristales en suspensión) se asocian a más riesgo si entran en un vaso sanguíneo, mientras que la dexametasona, que es no particulada, se considera más segura en zonas de alto riesgo vascular, como las cercanas a la médula espinal.

El “efecto suma”: cuenta todo lo que recibes
No solo cuentan las infiltraciones de la unidad del dolor. Se debe sumar todo: corticoides orales, intravenosos, infiltraciones en articulaciones y epidurales. Cuando se tiene en cuenta todo este conjunto, el porcentaje de pacientes que supera los límites de seguridad aumenta de forma importante.
Un consejo práctico: lleva un registro personal con fecha, dosis y tipo de corticoide de cada infiltración o ciclo de pastillas, y compártelo siempre con tus médicos. Esa información permite ajustar el plan y evitar sobredosificaciones silenciosas.
Hacia un tratamiento más inteligente
El tratamiento del dolor crónico es un maratón, no un sprint. El objetivo hoy es combinar alivio eficaz con la máxima seguridad: usar la menor dosis necesaria, elegir el corticoide más seguro según la zona y vigilar la suma total anual.
Si convives con dolor crónico y te estás realizando infiltraciones de corticoides, podemos valorar tu caso de forma personalizada, revisar tus dosis acumuladas y plantear alternativas como medicina regenerativa o técnicas intervencionistas avanzadas.
Si quieres una valoración individualizada, pide cita con el Dr. Italo Pisani en la Unidad de Medicina del Dolor en Vilafranca del Penedès y empecemos a planificar un tratamiento eficaz y seguro para ti.

